Todo comenzó cuando en una de sus caminatas a pie diarias, encontró una piedra con una forma peculiar, algo que le inspiró. Eso hizo que todos los días, cogiera una piedra nueva e iba guardándoselas en los bolsillos. Llegó un momento en los bolsillos de quedaron demasiado pequeños, ya sea por la cantidad que cogía o por el tamaño de éstas, así que al final se hizo con una carretilla.

La construcción la inició en 1879 y no acabó con ella hasta 1914, pero, hubo un problema y es que el quería ser enterrado en él, pero las autoridades no se lo permitían. Así que, en 1922 consiguió un terreno en el cementerio y construyó su propio mausoleo, como un epílogo de la obra anterior. En 1924, murió, con 88 años, y lo enterraron en él. Y ahora los visitantes lo contemplan como un "palacio ideal". Grabó en las paredes sus propios poemas y se dice que se ayudaba de postales que el mismo repartía como fuente de inspiración a la hora de realizar ciertas partes arquitectónicas.
Este palacio fue una gran motivación para los surrealistas, sobre todo para André Breton y Salvador Dalí, tanto su historia como la obra en sí.
"Todas mis ideas me vienen durante el sueño y, cuando trabajo, tengo siempre presentes a mis sueños en el espíritu" Joseph-Ferdinand Cheval
Poema de André Breton sobre el cartero Cheval:
"Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos belvederes.
Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de
tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada.
Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu muñeca.
Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora
cuando el hombre duerme.
Y brechas brillantes se abren en su lecho.
Brechas por las que pueden percibirse ciervos de cuernos de
coral en un claro del bosque.
Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina.
Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren.
Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas raíces barométricas.
Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas.
Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes azules.
Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis.
Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede sorprender.
Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los engranajes singulares.
Que busca su lecho con el corredor y la escalera.
La escalera se ramifica indefinidamente.
Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre
una plaza pública.
Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano.
Gira sobre sí misma como si fuera a morderse.
Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones
como gavetas.
Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de espejos
gavetas de escaleras.
Gavetas de carne con empuñaduras de cabellos.
A la hora precisa en que millares de patos de Vaucanson
se alisan las plumas.
Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos.
Te sonreíamos nos enlazabas por el talle.
Y tomábamos las actitudes según tu placer.
Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la mujer
gusta de ver al hombre.
Después de haber hecho el amor."
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